Comunidades Religiosas
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Siervos Reparadores
del Corazón Eucarístico
de Jesús

Por la Instauración de todas las cosas en Cristo

Aclaración en cuanto a la presente situación canónica

Los Siervos Reparadores del Corazón Eucarístico de Jesús fueron conformados en un principio como una Asociación Privada de Fieles por un tiempo determinado, luego del cual debe procurarse la aprobación diocesana del siguiente paso (una Asoc. Pública de Fieles) de la actual realidad que aspira a ser un Instituto de Vida Consagrada.

Anhelamos que en el transcurso del presente año se logre dar ese segundo paso. Pedimos a los visitantes de esta página que agreguen a sus oraciones una petición por esta intención.
Consideraciones previas en General
Nuestro Padre San Agustín nos dice al comienzo de la Regla: "Ante todas las cosas, queridísimos Hermanos, amemos a Dios y después al prójimo, porque estos son los mandamientos principales que nos han sido dados".
Éste es el punto de partida que da sentido a toda vocación religiosa: el amor a Dios, y el amor al prójimo como consecuencia de aquel. Si bien todo ser humano está llamado a vivir esto, sin embargo hay personas que perciben que ese llamado les exige dedicar totalmente su vida a seguirlo. Quienes conformamos las comunidades religiosas de la Obra, percibimos el llamado de Dios a entregarnos totalmente a Él en calidad de siervos o esclavos suyos, ofrendando todo nuestro ser a Él en la vida presente, en vistas a compartir luego la Vida bienaventurada de los amigos de Dios en el Cielo.
Pero en el caso del Siervo Reparador, además de aquel ofrecimiento -que es común a toda vida consagrada-, unimos el anhelo de reparar las ofensas contra la bondad divina que a diario perpetramos todos los descendientes de Adán.
Y para ello, quienes conformamos las ramas religiosas, nos sentimos invitados por Dios a servirlo total y perfectamente por medio de una vida de soledad y silencio. Pero no consideramos este llamado como algo que es sólo para nuestro gozo y deleite en el trato de intimidad personal con Él, sino que vemos que este privilegio exige de nosotros la misión de iluminar la vida de todos los que peregrinamos por este Valle de oscuridad y peligros.
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Un Atardecer en la Casa Femenina
La incorporación a estas comunidades de vida religiosa supone el deseo de entregarse a Dios totalmente, consagrando la persona a Él por medio de los votos de pobreza, castidad y obediencia, en un seguimiento más cercano de Nuestro Señor.
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Parte interna del Monasterio
Además, con el deseo de llevar una vida de fidelidad y aceptación incondicional a todo lo que Dios ha revelado, como reacción al espíritu de rebelión y de relativización reinante hoy en el mundo y en algunos ambientes cristianos, los religiosos y las religiosas hacen un Cuarto voto de fidelidad a la verdad católica, sea la contenida en las Sagradas Escrituras, sea la transmitida a través de los siglos por la Tradición.
La acepta, se somete a ella, y la transmite fidelísimamente para que todos puedan conocer lo que Dios ha querido enseñar a la humanidad para que pueda salvarse, sin variaciones, ni deformaciones de ninguna clase.
Esta transmisión de la fe se lleva a cabo utilizando todos los medios aptos para ello, especialmente escritos o electrónicos, difundiendo la doctrina católica, las enseñanzas de los Santos y Doctores de la Iglesia, las del Magisterio, etc., aclarando aquellos temas que el hombre de hoy desconoce o conoce mal, y que son capitales para llevar una vida cristiana auténtica.
Comunidad Masculina
Actualmente la Casa Religiosa Masculina, la primera en fundarse, se encuentra en Rawson, Provincia de Buenos Aires, localidad perteneciente a la Arquidiócesis de Mercedes-Luján. Allí se encuentra la Parroquia Inmaculada Concepción, la cual es atendida por nosotros. El nombre de esta Casa es "Monasterio de la Natividad del Señor y San José", y formalmente comenzó en ella la vida religiosa el 1 de Enero de 2008, Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, dentro del tiempo de la Navidad.
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Fachada del Templo Parroquial
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Fachada del Monasterio
La jornada de la Comunidad transcurre entre la oración, el estudio y el trabajo. Por la mañana se dispone todo favoreciendo el silencio para la contemplación y el estudio de las cosas de Dios; por la tarde se realizan los trabajos asignados para el bien de la Comunidad, o las actividades apostólicas. Todo ello está ordenado teniendo en cuenta las condiciones y características personales de los miembros.
Comunidad Femenina
La Comunidad Femenina tendrá las mismas características que la masculina, con algunas adaptaciones debidas a un tinte más contemplativo. Los fines son también los mismos, con algunas diferencias en cuanto al modo de llevar adelante el segundo fin de la Obra. Si bien no está aun conformada como Comunidad Religiosa, se está viviendo ya el modo de vida de la Obra como iniciativa personal de quienes aspiran a conformar en un futuro cercano la Comunidad definitiva.
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Capilla interna
Nuestras Casas
Algo que es modalidad de la Obra al momento de fundar Casas, es que ambas Comunidades, la Femenina y la Masculina, deberán estar necesariamente en la misma localidad y no muy lejos una de otra, estableciéndose la Comunidad femenina solamente donde esté establecida previamente la masculina. De este modo se aseguran dos cosas que son fundamentales garantizar en estos tiempos de tanta confusión: que las comunidades reciban la formación de fuentes sanas de espiritualidad y de doctrina, las que la Iglesia ha transmitido intactas a través de los siglos hasta nuestros días, y que la Obra se compromete a difundir; y asegurar también la recepción de las gracias y bendiciones que se derivan de la
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Retablo del Templo Parroquial
participación en el Culto Divino celebrado con la dignidad y el cuidado que éste exige, lo cual es un fin de la Obra, fin y fundamento que influye en su razón de ser.